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sábado, 5 de marzo de 2011

Placer culpable de muchas

Yo diría que el chocolate es mi gran perdición... no más que los hombres. No puedo tener una caja de bombones o una caja de chocolates sin comérmelos todos... siento que guardar es sólo perder tiempo, como que no puedo probar uno cuando ya quiero comerme otro y sólo quedo satisfecha cuando veo la caja vacía.

Sin embargo, después estamos con los arrepentimientos, que no debí haber comido tanto, que voy a tener que cuidarme mañana, que empiezo la dieta el lunes.. etc.. cualquier cosa con tal de excusarnos el placer culpable que nos produce comer chocolate. Yo los prefiero con harto concentrado de Cacao, sin mucha azúcar, con tal de sentir todo el sabor... si estoy escribiendo y mi mente se lo imagina y se me hace agua a la boca.... uh qué terrible.
Pero no todo es malo en el chocolate, es cierto que en exceso hace que te salgan espinillas o que sufras estragos en el peso. Pues estaba leyendo Rincon Mujer y encontré un articulo que hablaba sobre las propiedades que entregaba esta exquisita golosina.
* Antioxidante
* Disminuye el colesterol y el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
*Previene las células cancerígenas.
*Contiene serotonina, por lo tanto, mejora el estado de ánimo.
*Aporta energía y regula el metabolismo.

Asi que la próxima vez que comamos un chocolate no nos sintamos tan culpables y pensemos en las propiedades que tienen y lo bien que nos puede hacer cuando estamos decaídas, tristes o sentimentales... son especiales para los días D de la mujer... o cuando sufrimos desiluciones, derrepente un gustito no nos viene mal, lo importante es no caer en los excesos y luego andar llorando frente al espejo por esos kilotes demás.

viernes, 23 de julio de 2010

¡Unos simples Rocklets!

Era sólo un chocolate, pero sí supieran los buenos recuerdos que me trae. Bueno, en medio de la tentación y aprovechando que hacía frío me compré unos Rocklets, apenas me eché uno a la boca mi mente se trasladó a otra parte: La Serena, playa, vacaciones junto a mis primas, año 2001.

Comenzaba el  mundo de las conquistas para mí. Tenía 13 años, había pasado a primero medio y tenía unas ganas enormes por conocer el mundo, sobre todo, al sexo masculino. Pendeja agrandada quería ser como las demás compañeras de curso que estaban pololeando.

Aquella noche, nos habíamos vestido para salir con mis primas, queríamos que nos miraran o qué sé yo, lo típico que uno hace en la playa. ¡Era pendeja!, pero como siempre me veía más grande, fácilmente podría decir que tenía 15. Paseamos por la Avenida del Mar un poco más atrás que mis padres, que nos venían vigilando "por si acaso". Hasta que pasamos por un negocio que se llamaba "El Grifo", entramos y nos compramos unos Rocklets, que para esa hora de la noche era lo mejor. Nos sentamos, no pasaron ni cinco minutos y dos argentinos se acercaron a nosotras, uno moreno y otro rubio. ¡Perfecto para nosotras, eran unos bombones! Conversamos, nos contaron de su vida y que estaban de vacaciones acá, mientras no sé cómo y ni me acuerdo nos comimos todos los chocolates. 

Esa noche jamás la olvidaremos, nuestros ojos brillaban y como pendejas creíamos que los ibamos a volver a ver. Por eso, cada noche nos poníamos a la misma hora, en el mismo lugar, con los mismos Rocklets, como si fuera un ritual. Porsupuesto, jamás los volvimos a ver pero creo que fueron unas de las vacaciones más lindas que he tenido, con tantas anécdotas y ésta que queda para contarla a los nietos. 

Por eso, a veces, las mujeres nos compramos cosas que engordan y es que parece un simple chocolate, mas ¡si supieran lo que provoca en nuestra mente!